El teléfono suena, lo levanto rápido de la mesa, pero lo abro lento. No eres tú, es él; me llama para preguntarme cómo estoy, que cómo voy con el estudio, que porqué no lo he llamado en todo día, qué echa de menos mi voz. Me hace sentir mal, no él, si no el echo de haber deseado que fueras tú. Él todo lindo dándome ánimos y yo sigo pensando en ti. Si sé, quedamos en que la amistad es un valor que tenemos que cultivar, pamplinas me digo o a mi misma, si total como dice Neruda, muere lentamente quien evita una pasion y su remolino de emociones. Pero ¿qué pretendo?, si las puertas de otros horizontes se me abren y la vida me empuja a irme. Sólo me queda disfrutar de él- mi hombre-, que resignado me mima todo lo que puede, para plantar su recuerdo en mi corazón.
Además, tu mente y tu amor vibran por alquien más... y yo, aún no sé que pretendo. Quizas sólo mirarte directo a tus ojos miel y sentirte complice de este sentimiento.
Después de todo, nada más puede pasar.... :S
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